CRECE EL MALESTAR EN FIAMBALÁ POR LA INMINENTE VISITA DE RAÚL JALIL

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Entre el abandono turístico y el avance imparable de la minería.

En el oeste catamarqueño, donde la postal natural de Fiambalá debería ser sinónimo de desarrollo turístico sostenido, crece una sensación cada vez más profunda de abandono por parte del Gobierno provincial encabezado por Raúl Jalil. Mientras el discurso oficial insiste en posicionar a la minería como motor económico, la realidad local expone un desequilibrio que genera malestar, críticas y un creciente rechazo social.

Hace casi cinco años, el propio mandatario anunciaba con entusiasmo la tan esperada puesta en valor de las reconocidas Termas de Fiambalá, principal atractivo turístico del departamento y la provincia. Sin embargo, el paso del tiempo dejó en evidencia una constante: promesas sin ejecución concreta. La reciente visita de un equipo técnico del Ministerio de Obras Públicas apenas logró reactivar expectativas, pero fue interpretada por muchos como un gesto tardío y claramente insuficiente frente a la magnitud del abandono.

En contraste, el impulso a la actividad minera avanza sin pausas. Nuevos proyectos, inversiones millonarias y anuncios constantes reflejan una política clara de priorización. Entre ellos, la empresa KABIL se convirtió en el epicentro de la polémica: gran parte de la comunidad fiambalense expresa un rechazo contundente a su desembarco, impulsado por el temor al impacto ambiental y la falta de información transparente.

La pregunta resuena cada vez con más fuerza en la comunidad: si la minería es clave para la economía, ¿por qué el turismo —históricamente el corazón productivo de Fiambalá— sigue relegado? La Cámara de Turismo y prestadores locales coinciden en que la falta de inversión provincial limita seriamente el crecimiento de una actividad que genera empleo genuino y desarrollo sostenible.

En este contexto, la inminente visita de Jalil al departamento Tinogasta no pasa desapercibida. Según trascendió, el mandatario recorrería obras vinculadas al sector minero, como el camino que unirá Chuquisaca con El Peñón, un proyecto señalado por sectores locales como funcional a la logística extractiva.

Pero lejos de tratarse de una visita protocolar, el clima social anticipa posibles manifestaciones. Movimientos antimineros y organizaciones ambientalistas ya analizan expresar públicamente su rechazo, especialmente hacia proyectos como KABIL, que simbolizan para muchos vecinos el avance de un modelo que prioriza la explotación por sobre el equilibrio ambiental y el desarrollo local.

La llegada del gobernador se presenta como una oportunidad clave, pero también como una prueba política. La comunidad espera algo más que recorridos y anuncios: exige definiciones claras, compromisos concretos y, sobre todo, una decisión firme de invertir en el turismo como eje estratégico.

Fiambalá no pide privilegios, sino equilibrio. Entre el potencial turístico y el avance minero, la sensación es que el futuro del departamento se está definiendo sin escuchar a quienes lo habitan.

El interrogante queda abierto: ¿está dispuesto el Gobierno provincial a corregir el rumbo o continuará profundizando una desigualdad que ya genera resistencia en el territorio?