La empresa minera KABIL, operadora del Proyecto Cortaderas, anunció una actividad de toma de muestras hidrológicas en el Río Chaschuil como parte de la Línea de Base Ambiental. Sin embargo, la particular modalidad de convocatoria, el sorteo de los participantes y el llamativo criterio de difusión selectiva del comunicado despertaron fuertes interrogantes en la comunidad. ¿Por qué una empresa que pretende desarrollar exploración de litio necesita seleccionar a qué vecinos y medios de comunicación invita?
La empresa Khanij Bidesh India Ltd. (KABIL), operadora minera del Proyecto Cortaderas, hizo llegar un comunicado fechado el 7 de septiembre en el que invita a habitantes de Fiambalá y zonas aledañas a participar de una toma de muestras hidrológicas sobre el Río Chaschuil, actividad que, según explica, formará parte de la Línea de Base Ambiental del proyecto.
Hasta allí, la iniciativa podría presentarse como una instancia de participación comunitaria. Sin embargo, la forma en que fue planteada la convocatoria abre una serie de preguntas que la empresa debería estar dispuesta a responder públicamente.
El documento señala que los interesados deberán completar un formulario disponible durante los días 9 y 10 de septiembre en las oficinas de KABIL en Fiambalá, consignando sus datos personales, DNI y teléfono de contacto. Posteriormente, el viernes 11 a las 12 horas se realizará un sorteo para determinar quiénes finalmente participarán de la actividad prevista para el miércoles 16.
Y allí aparece uno de los primeros interrogantes: ¿por qué la participación de la comunidad en una actividad vinculada con el control y conocimiento ambiental debe quedar sujeta a un sorteo?
Si la empresa sostiene que se trata de una instancia de participación ciudadana y transparencia, resulta razonable preguntarse si no debería existir un mecanismo abierto, público y verificable que garantice que todos los sectores interesados puedan acceder a la información y observar el procedimiento.
La propia comunicación establece además condiciones específicas: los participantes deberán ser residentes del área de influencia del proyecto, tener entre 18 y 65 años y suscribir una declaración jurada de buena salud.
Nada de esto, por sí solo, demuestra una irregularidad. Pero sí merece explicaciones. Especialmente cuando se trata de un proyecto de exploración minera en una zona cordillerana donde el agua constituye uno de los principales recursos ambientales y donde cualquier actividad relacionada con el recurso hídrico despierta legítimamente la atención de la población.
A esto se suma otro aspecto que generó malestar: la difusión del comunicado no habría alcanzado a todos los medios de comunicación de la localidad por igual. Mientras algunos fueron considerados para recibir la invitación, otros quedaron fuera y censurados de esa comunicación.
Y en este punto surge una pregunta inevitable: ¿KABIL decide qué medios pueden difundir sus actividades y cuáles no?
Desde Multimedios Abaucán, la situación genera especial preocupación. La exclusión de un medio no debería convertirse en una herramienta para evitar preguntas incómodas, especialmente cuando esas preguntas surgen de las inquietudes de vecinos de Fiambalá y de la necesidad de conocer con claridad qué pretende hacer una empresa minera en territorio cordillerano.
Informar no significa acompañar ciegamente a una empresa. Informar también significa preguntar, cuestionar y poner sobre la mesa las dudas de la comunidad.
KABIL debería comprender que el interés de la población no se limita a saber quién irá a tomar muestras. La comunidad tiene derecho a conocer qué muestras se tomarán, exactamente dónde, con qué metodología, quién realizará los análisis, qué laboratorio intervendrá, qué parámetros serán evaluados, quién tendrá acceso a los resultados, cómo se garantizará la trazabilidad de las muestras y si esos resultados serán publicados de manera completa y accesible.
También sería importante saber por qué se limita la participación por edad, cuál es el fundamento de esas condiciones y qué sucederá con quienes tengan interés en conocer el procedimiento pero no resulten favorecidos en el sorteo.
Son preguntas básicas para cualquier proceso que pretenda construirse bajo parámetros de transparencia.
Y hay algo todavía más importante: la confianza de una comunidad no se consigue seleccionando interlocutores cómodos. Se construye permitiendo que todos puedan preguntar, incluso aquellos que cuestionan, dudan o directamente no están de acuerdo con el proyecto.
Si KABIL considera que su actividad es transparente, entonces no debería incomodarle la presencia de medios que hagan preguntas ni la difusión de las preocupaciones existentes en Fiambalá.
Por el contrario, si la empresa está convencida de que sus procedimientos son correctos y transparentes, debería ser la primera interesada en abrir las puertas, mostrar cómo trabaja y hacer públicos sus resultados.
La convocatoria para el muestreo del Río Chaschuil ya está planteada. Ahora queda saber si será realmente una instancia de participación comunitaria o simplemente una actividad cuidadosamente acotada a un grupo previamente determinado.
Porque cuando se habla de agua, minería y ambiente, la sociedad no debería conformarse con invitaciones parciales ni respuestas a medias.
Y frente a una empresa que recién comienza a desarrollar actividades de exploración en la zona, las preguntas no sobran: son absolutamente necesarias.
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