Durante el acto oficial por el Día de la Independencia, la vicedirectora de la Escuela Secundaria N° 86 dejó uno de los mensajes más profundos de la jornada. Su defensa de la libertad de expresión, del periodismo responsable y de la ética en la comunicación fue ampliamente elogiada por vecinos y turistas, en un contexto donde el ejercicio irresponsable de algunos medios genera un creciente rechazo social.

No todos los discursos pronunciados durante un acto patrio logran trascender el protocolo. Algunos quedan en el recuerdo por la profundidad de sus conceptos, por el momento en que fueron expresados y por la realidad que reflejan. Eso ocurrió el pasado 9 de Julio en la Plaza Beato Mamerto Esquiú de Fiambalá, cuando la vicedirectora de la Escuela Secundaria N° 86, Prof. Marcia Romina Álvarez, tuvo a su cargo las palabras alusivas al 210° aniversario de la Declaración de la Independencia Argentina.
Su mensaje, elaborado con un sólido contenido histórico, democrático y ciudadano, recibió numerosas expresiones de reconocimiento por parte de vecinos y también de turistas que participaron del acto oficial. Sin embargo, hubo un tramo del discurso que sobresalió por encima del resto y que rápidamente comenzó a comentarse en distintos ámbitos de la comunidad.
Álvarez abordó uno de los temas más sensibles de la actualidad: el valor de la libertad de expresión y la enorme responsabilidad que implica ejercerla.
Con absoluta claridad expresó que «la libertad de expresión no es un privilegio, sino un derecho que debe ser protegido y ejercido con responsabilidad», remarcando además que los medios de comunicación cumplen una misión fundamental en una sociedad libre: informar, formar opinión y acercar la realidad a los ciudadanos.
Pero el concepto no terminó allí.
La docente advirtió que esas libertades solo alcanzan su verdadero valor cuando se ejercen con ética, responsabilidad y profundo respeto por las personas, agregando que informar con objetividad fortalece la convivencia, mientras que utilizar la palabra para descalificar, ofender o sembrar divisiones debilita los valores que sostienen a toda comunidad.
Sus palabras encontraron inmediata identificación en buena parte del público.
En una sociedad donde las redes sociales y algunos espacios mediáticos han multiplicado la circulación de versiones sin verificar, agravios personales, descalificaciones permanentes y contenidos sensacionalistas, el mensaje de la profesora fue interpretado por muchos como una defensa de los principios básicos del verdadero periodismo.
Porque ejercer la libertad de prensa nunca significó tener licencia para injuriar, difamar o atacar a personas e instituciones. Tampoco implica reemplazar la investigación seria por el rumor, la opinión agresiva o el espectáculo del escándalo permanente.
El periodismo profesional exige contrastar información, verificar fuentes, respetar el derecho a réplica, diferenciar claramente los hechos de las opiniones y actuar siempre dentro de los límites que establecen la ética y la legislación vigente. Cuando esos principios desaparecen, deja de prestarse un servicio a la comunidad para transformarse en una práctica que erosiona la confianza pública y deteriora el debate democrático.
En ese sentido, las reflexiones de Marcia Álvarez parecieron describir una problemática que muchos vecinos vienen señalando desde hace tiempo: la existencia de algunos espacios comunicacionales que priorizan el impacto, la confrontación o el agravio antes que la información rigurosa. Esa percepción, expresada por distintos sectores de la comunidad, ha generado un creciente debate sobre la calidad de ciertos contenidos y sobre la necesidad de fortalecer un periodismo basado en la responsabilidad y el respeto.
La vicedirectora no habló de nombres propios ni apuntó contra nadie en particular. Habló de principios. De valores. De la responsabilidad que todos tenemos al hacer uso de la palabra, especialmente quienes poseen la posibilidad de comunicar masivamente.
Otro de los pasajes más destacados de su intervención recordó que cada palabra y cada decisión dejan una huella en quienes nos rodean, una reflexión que alcanzó tanto a ciudadanos comunes como a dirigentes, docentes, funcionarios y comunicadores.
La repercusión del discurso no tardó en hacerse sentir. Apenas unas horas después de que sus palabras se viralizaran en redes sociales y fueran ampliamente compartidas por vecinos y asistentes al acto, algunos medios locales parecieron sentirse directamente interpelados por el mensaje de la docente. Sin embargo, lejos de asumir la invitación a reflexionar sobre el uso responsable de la palabra y el verdadero sentido de la libertad de expresión, volvieron a emitir contenidos con fuertes descalificaciones hacia personas, familias, otros medios de comunicación e incluso cuestionamientos dirigidos al propio discurso de la Prof. Marcia Romina Álvarez. Esa reacción fue interpretada por numerosos vecinos como una ratificación del planteo realizado por la educadora: que el ejercicio irresponsable de la comunicación, desprovisto de ética, objetividad y respeto, termina perjudicando no solo a quienes son blanco de los ataques, sino también a la credibilidad del propio medio. Para muchos, lo ocurrido terminó confirmando que el periodismo serio no necesita recurrir al agravio ni al sensacionalismo para informar, y que la sociedad distingue cada vez con mayor claridad entre el periodismo profesional y aquellas prácticas que solo buscan generar impacto o rédito a costa de la confrontación permanente.
Lejos de un discurso circunstancial, la alocución de la Prof. Marcia Romina Álvarez terminó convirtiéndose en una verdadera reflexión sobre la democracia, la convivencia y el compromiso ciudadano.
En tiempos donde la desinformación, las noticias falsas, la agresión permanente y el descrédito parecen ocupar demasiado espacio, su mensaje recordó que la libertad nunca puede separarse de la verdad, del respeto y de la responsabilidad.
Y quizás allí radique el motivo por el cual sus palabras fueron tan valoradas: porque más allá de conmemorar una fecha histórica, invitaron a pensar el presente de Fiambalá y el papel que cada ciudadano —y especialmente quienes comunican— tiene en la construcción de una comunidad más respetuosa, más informada y más comprometida con la verdad.




