MURIÓ JORGE “LOCOMOTORA” CASTRO: EL CAMPEÓN MUNDIAL QUE TAMBIÉN LLEVABA SANGRE FIAMBALENSE

Escuchar esta noticia
Powered by Estudios Max
x1

El boxeo argentino está de luto por la muerte de una de sus máximas figuras, pero en Fiambalá la noticia tiene un significado especial. Aunque nació en Caleta Olivia, Santa Cruz, Jorge Castro pasó parte de su infancia en esta localidad catamarqueña, donde asistió a la Escuela N° 396 del barrio San Pedro, hizo amigos y dejó recuerdos imborrables entre quienes compartieron con él sus primeros años de vida. Su padre, Santos Adán “Cholo” Castro, era oriundo de Fiambalá, una tierra que forma parte de sus raíces familiares y de su propia historia.

MURIÓ JORGE “LOCOMOTORA” CASTRO: EL CAMPEÓN MUNDIAL QUE TAMBIÉN LLEVABA SANGRE FIAMBALENSE

Jorge “Locomotora” Castro, el excampeón mundial de boxeo que conquistó al país con su estilo aguerrido, su personalidad inconfundible y sus inolvidables hazañas sobre el cuadrilátero, falleció a los 59 años durante la madrugada de este miércoles, tras descompensarse en un bingo de Morón, provincia de Buenos Aires. Pese a recibir los primeros auxilios, murió en el lugar. De acuerdo con la información difundida, el exdeportista padecía diabetes y habría sufrido una descompensación asociada a una baja de insulina.

La noticia golpea al deporte argentino y también despierta una profunda emoción en Fiambalá, donde su nombre no solo está asociado a la gloria del boxeo, sino también a una etapa de su vida que muchos vecinos conservan en la memoria. Porque detrás del campeón que llegó a lo más alto del pugilismo internacional existió un niño que caminó por las calles de esta localidad, concurrió a una escuela fiambalense y compartió juegos, travesuras y aventuras con otros chicos de su edad.

Aunque Jorge Castro nació el 18 de agosto de 1967 en Caleta Olivia, provincia de Santa Cruz, sus raíces familiares lo conectan directamente con Fiambalá. Su padre, Santos Adán “Cholo” Castro, era oriundo de esta tierra catamarqueña y fue ese vínculo familiar el que llevó al pequeño Jorge a vivir durante una parte de su infancia en el oeste provincial.

Según los relatos de familiares compartidos con Multimedios Abaucán, Castro asistió durante la década de 1980 como alumno a la Escuela N° 396, ubicada en el barrio San Pedro, en el ingreso sur de Fiambalá. Allí transcurrió una parte de su infancia, en una etapa en la que todavía estaba lejos de imaginar que, con el paso de los años, su nombre quedaría grabado entre los grandes del boxeo argentino.

Su infancia estuvo marcada por circunstancias difíciles. En diferentes testimonios públicos, el propio Castro relató las situaciones de violencia que sufrió durante su niñez mientras vivía junto a su padre y uno de sus hermanos en Catamarca. En una oportunidad, recordó que su madre había viajado a buscarlos cuando él tenía alrededor de 12 años y que posteriormente regresó con ella al sur del país.

En medio de aquella historia familiar, los recuerdos de sus primeros años en Fiambalá también incluyen el paso por un orfanato de San Fernando del Valle de Catamarca. Tiempo después, según reconstruyeron sus familiares, su tío José Lucío “Toto” Castro lo llevó nuevamente a Fiambalá, donde volvió a permanecer durante otra etapa de su niñez. Años más tarde regresó a su ciudad natal, Caleta Olivia, donde finalmente se radicó de manera permanente.

Hoy, muchos de quienes compartieron aquellos años con él lo recuerdan con especial cariño. Sus antiguos compañeros de la escuela primaria todavía conservan anécdotas de aquel niño inquieto, sus travesuras, sus ocurrencias y las aventuras propias de una infancia que transcurrió, al menos en parte, entre las calles y los paisajes de Fiambalá.

Para ellos, Castro nunca fue solamente el campeón mundial que aparecía en las pantallas de televisión. También fue aquel compañero de escuela, el chico con quien compartieron juegos y experiencias, y cuya trayectoria deportiva siguieron con orgullo a medida que su figura crecía en el escenario nacional e internacional.

La historia de “Locomotora” Castro con Fiambalá volvió a cobrar fuerza en mayo del año pasado, cuando regresó a Catamarca para participar de actividades vinculadas al deporte, clínicas de boxeo, charlas motivacionales y encuentros con jóvenes. Aquella visita permitió renovar el contacto con personas que conservaban recuerdos de su paso por el oeste catamarqueño y acercar su experiencia a nuevas generaciones de deportistas.

Su carrera profesional fue extraordinaria. A lo largo de su trayectoria disputó 144 combates, con 130 victorias, 11 derrotas y tres empates. De sus triunfos, 90 llegaron por nocaut, una cifra que refleja la potencia y el temperamento que lo convirtieron en uno de los púgiles más temidos y populares de su época.

El momento cumbre llegó el 12 de agosto de 1994, cuando derrotó al estadounidense Reggie Johnson en Buenos Aires y conquistó el título mundial de peso mediano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). Sin embargo, su nombre alcanzó una dimensión histórica el 10 de diciembre de ese mismo año, en Monterrey, México, al defender su corona frente a John David Jackson.

Aquella pelea quedó en la memoria del deporte argentino. Castro soportó un castigo durísimo, sufrió una importante inflamación en ambos ojos y parecía estar al borde de la derrota. Pero en el noveno asalto conectó una potente izquierda que derribó a su rival y cambió el rumbo del combate. Después de nuevas caídas del estadounidense, la pelea terminó por nocaut.

El propio boxeador bautizó aquel golpe decisivo como “La mano de Dios”. La revista estadounidense The Ring distinguió el enfrentamiento como la Pelea del Año y destacó aquel noveno asalto, considerado una de las demostraciones más impactantes de coraje y capacidad de recuperación en la historia del pugilismo.

A lo largo de su carrera también se enfrentó a figuras de talla internacional, entre ellas Roy Jones Jr. y el legendario Roberto Durán. En el año 2000, la Fundación Konex le otorgó el Diploma al Mérito como uno de los cinco mejores boxeadores argentinos de la década.

Fuera del ring, Castro también conoció las dificultades de la vida. En 2005 sobrevivió a un grave accidente automovilístico que le provocó múltiples fracturas costales y un colapso pulmonar. Pese a la gravedad de las lesiones, volvió a combatir en 2006 y puso fin formalmente a su carrera profesional en 2007.

Durante sus últimos años, además, desarrolló tareas solidarias en distintos barrios del conurbano bonaerense, colaborando con comedores y merenderos y ayudando a personas que atravesaban situaciones económicas difíciles. Su propia experiencia de hambre y sufrimiento durante la infancia fue, según manifestó públicamente, una de las razones que lo impulsaron a acompañar a quienes más lo necesitaban.

La muerte de Jorge “Locomotora” Castro deja una huella profunda en el deporte argentino. Su nombre quedará ligado para siempre a una de las páginas más emocionantes del boxeo nacional, a sus victorias épicas y a una personalidad que nunca pasó inadvertida.

Pero en Fiambalá, su partida también invita a recordar una historia más cercana, familiar y humana: la de aquel niño que llegó a esta localidad por sus raíces paternas, que se sentó en las aulas de la Escuela N° 396 del barrio San Pedro y que dejó recuerdos entre compañeros que hoy evocan con emoción aquellos años compartidos.

Nació en la Patagonia, alcanzó la gloria mundial y se convirtió en una leyenda del boxeo argentino, pero una parte de su infancia y de su historia familiar también pertenece a Fiambalá. Porque más allá de los títulos, los nocauts y la fama, Jorge Castro llevaba consigo las raíces de su padre, Santos Adán “Cholo” Castro, y el recuerdo de una tierra catamarqueña que formó parte de sus primeros pasos por la vida.

Hoy, mientras el boxeo argentino despide a uno de sus grandes campeones, Fiambalá también recuerda al niño que alguna vez fue su alumno y compañero. Un hijo de raíces fiambalenses que llegó a lo más alto del deporte y cuyo nombre, desde ahora, permanecerá para siempre en la historia grande del pugilismo nacional y en la memoria de quienes compartieron con él una parte de su infancia.