El diputado nacional Sebastián Nóblega y la senadora departamental Pamela López son blanco de un creciente malestar en Fiambalá tras respaldar la localización de la Zona Franca en Tinogasta. Vecinos, sectores políticos y dirigentes cuestionan que ambos legisladores, representantes de todo el departamento, no acompañen el reclamo fiambalense y advierten sobre un profundo quiebre político que incluso atraviesa a sectores del propio peronismo.
La discusión por la futura Zona Franca de Tinogasta tomó un nuevo y fuerte giro político. En Fiambalá crece el rechazo y el profundo descontento con la posición asumida por el diputado nacional Sebastián Nóblega y la senadora departamental Pamela López, a quienes distintos sectores cuestionan por respaldar que la iniciativa se concrete en Tinogasta y no en territorio fiambalense.
El malestar tiene una razón central: ambos legisladores representan políticamente al Departamento Tinogasta en su totalidad, y desde Fiambalá se considera que su responsabilidad debería contemplar los intereses de todas las comunidades que integran el departamento, y no exclusivamente los de la ciudad cabecera.
Fiambalá posee un extenso distrito integrado por 13 poblaciones, incluyendo la propia ciudad, lo que representa una presencia territorial y poblacional significativa dentro del departamento. Por eso, para numerosos fiambalenses resulta difícil de comprender que, ante un proyecto de semejante importancia económica y estratégica, sus propios representantes legislativos no acompañen el planteo realizado por el intendente Raúl Úsqueda, quien solicitó formalmente que Fiambalá sea considerada como sede de la Zona Franca.
El cuestionamiento se profundiza porque Fiambalá sostiene que hoy reúne condiciones estratégicas que años atrás no existían: actividad minera en pleno desarrollo, empresas vinculadas al sector, disponibilidad de tierras, infraestructura territorial, ubicación sobre la Ruta Nacional 60 y una posición privilegiada frente al Paso Internacional de San Francisco, corredor considerado estratégico para el intercambio comercial y la integración regional.
Desde esta perspectiva, el reclamo fiambalense no apunta simplemente a desplazar a Tinogasta, sino a que se analice dónde puede generar mayores beneficios productivos, logísticos, industriales y laborales una infraestructura de esta magnitud.
Sin embargo, la posición asumida por Nóblega y López es interpretada en Fiambalá como un verdadero abandono del reclamo local. El malestar, además, no queda circunscripto a sectores opositores: también alcanza a personas vinculadas al mismo espacio político al que pertenecen ambos legisladores, donde ya se escuchan expresiones de decepción y cuestionamientos que podrían traducirse en un retiro del acompañamiento político hacia quienes hoy ocupan bancas en representación del departamento.
La situación adquiere todavía mayor repercusión a partir de la designación del profesor Abel Martínez como director provincial de la Zona Franca de Tinogasta.
Martínez no es un desconocido dentro de la estructura política tinogasteña. Durante la gestión municipal de Sebastián Nóblega ocupó distintos cargos, entre ellos secretario de Coordinación y Gobierno, función que asumió en febrero de 2022, y posteriormente responsabilidades vinculadas a Gabinete y Educación, e Industria y Desarrollo del municipio.
Su designación al frente de la Zona Franca no constituye por sí misma prueba de ninguna irregularidad, pero el antecedente político y administrativo genera interrogantes en Fiambalá, especialmente porque se produce en medio de una disputa abierta por la localización del proyecto.
La pregunta que muchos fiambalenses plantean es sencilla: ¿por qué un proyecto que se presenta como estratégico para todo el Departamento Tinogasta queda bajo la conducción de una persona que tuvo una estrecha participación en la gestión municipal de quien hoy sostiene públicamente la alternativa de instalar la Zona Franca en Tinogasta?
Es una pregunta política y legítima que merece explicaciones claras, sin necesidad de anticipar conclusiones ni atribuir intenciones que no hayan sido demostradas.
Lo que sí está demostrado es que Fiambalá no acepta quedar al margen de una decisión que puede definir buena parte de su futuro económico.
La comunidad considera que tiene argumentos concretos para reclamar la localización del proyecto y que, por su cercanía con el Paso de San Francisco, su actividad minera y su proyección logística, no puede ser tratada como una localidad secundaria dentro de esta discusión.
Por eso el conflicto ya dejó de ser solamente una diferencia entre funcionarios. Se transformó en un fuerte reclamo de una comunidad que siente que sus intereses no están siendo defendidos por quienes fueron elegidos para representar al conjunto del departamento.
Y el mensaje que comienza a escucharse con mayor fuerza en Fiambalá es contundente: la comunidad no está dispuesta a mirar desde afuera cómo se decide su futuro.
La Zona Franca podrá tener alcance departamental y regional, pero para Fiambalá la discusión es mucho más concreta: se trata de saber si una vez más las decisiones estratégicas se tomarán lejos de esta ciudad, aun cuando buena parte de las condiciones que justifican el proyecto también están aquí.
En ese escenario, el malestar contra Nóblega y López continúa creciendo y amenaza con profundizar una fractura política que, esta vez, atraviesa incluso las filas del espacio al que ambos pertenecen.
Fiambalá ya hizo su planteo. Ahora reclama que sus representantes también lo hagan.





